
¿Escribir, para qué? ¿Para que me lean otros, para desahogarme, para intentar aportar algo nuevo, para.....? Si es que ya uno pasa de todo. Ver los telediarios, la prensa en internet, los bloggers, artículos de opinión..... para acabar más cabreado todavía. Si es que he tenido que dejar de ver la tele para no revolverme más las tripas. España está hecha una mierda literalmente hablando, gracias al desgobierno reinante, a sus ministros y ministras de cuota poco preparadas, a los médios de comunicación que no son otra cosa que las voces de sus amos, a una oposición remilgada y vacilante y a no sé cuantas cosas más, la verdad. Pero si uno se para a pensar, es como para salir corriendo como Forrest Gump y no parar.
Se queda uno sin ganas de hacer nada más. La única opción posible que veo es hacerme exiliado ideológico y huir de noticias, tele, webs... En cierta medida, llevo ya unos cuantos meses así. Pero mira tú que vuelvo por aquí y me encuentro que alguien es seguidor de este humilde blog: el Filóloco. Impresonante las bitácoras, blogs o, en definitiva, páginas webs que es capaz de gestionar, y todas ellas con contenidos muy interesantes. Tanto que dan miedo por el tiempo que puede llegar uno a perder (o ganar) leyéndolas. Mi más sincera enhorabuena al Filóloco por toda su actividad.
Astiado. De todo, o casi, porque esa pequeña reseña del Filóloco al menos ha servido para que escriba estas líneas caóticas, como siempre. Gracias, Filóloco.




















































